Da Nicola
Hay lugares en los que se viven muchas situaciones, tantas que esos lugares pasan a ser parte nuestra. El restaurante Da Nicola es uno de esos sitios que comparten ese dudoso honor de formar parte del caos que soy como persona, pero también del cosmos de mis recuerdos. Y es que siempre he estado en ese restaurante con gente especial.
Ubiquémonos. Plaza de Mostenses, al lado de la Gran Vía madrileña. Hay un gran cartel rojo y amarillo que domina la plaza, y que reza, con vertical concisión, Da Nicola. El embaldosado dorado reviste los pasos de eco e importancia y dos puertas dobles acristaladas dan la bienvenida, junto con un espejo de pared que saluda desde la izquierda. Entremos.
Un techo alto, delicados arcos de pladur, mesas de madera y luz tenue. Una barra con personas aguardando a que el maitre les dé su mesa, mientras se toman una copa de cerveza. Sillones cómodos a la vista y al tacto en los que los futuros comensales pueden esperar igualmente a que les lleven a su mesa. Plantas verdes y un carro de flores completan el cuadro que se ve desde la puerta. Otros dos pasos adelante y la cocina queda a la vista, junto con los delicados y exquisitos postres que descansan en una iluminada vitrina. A la izquierda el salón para los no fumadores, al fondo, bajo los arcos blancos, delicadas volutas de humo saludan a los viciosos del tabaco. Sigamos adelante.
Nos sentamos. Cartas grandes y rojas nos aguardan llenas de exquisitos platos italianos. Si se ha olvidado las gafas, no se preocupes, que disponemos de varias de distintas graduaciones que ponemos a disposición de los clientes de forma gratuita. Pastas, pizzas, carpaccios, carnes rojas y postres de ensueño. Escogemos.
Un atento camarero se acerca con una frasca rectangular llena de líquido ambarino y diferentes plantas que parecen algas en un mar de oro líquido. Vierte en un platito y pone una cesta de pan de chapata al lado. Aceite con especias. Delicioso.
La comida transurrirá bajo delicadas luces indirectas, con las damas sentadas en los cómodos sillones mientras que los caballeros las observan sonriendo desde las funcionales sillas de madera. Las burbujas del Lambrusco se convertirán en pequeñas chispitas en los ojos de los comensales, los cuales no quedarán con hambre, sin duda, pero que deberán dejar sitio para el postre. Ésta es, sin duda, la guinda perfecta para el delicado pastel que es una cena aquí, antesala del infierno para un fraile, o del cielo para Zorba el griego. Pequemos pues, y vayamos a donde corresponda, que lo bailao no nos lo quitarán.
¿Un café? ¿Tal vez una infusión? Las servimos en cestas de mimbre y puede usted escoger a su antojo. Nosotros ponemos azúcar, taza, agua y tetera; usted ponga una sonrisa y ganas de volver.
Un sorbete de limón y se acaba la función. Vuelva usted pronto caballero, le atenderemos con esmero. Y si viene con pareja, no tendrá ninguna queja. Y no importa si son muchos, que en esto somos muy duchos. Venga en metro o caminando, le estaremos esperando.
No, no he fumado nada. Simplemente este restaurante es, además de un sitio donde se come muy bien y no es demasiado caro, el restaurante de las celebraciones, de los cumpleaños, de los aniversarios, el sitio dende llevo a las personas que sé que van a ser una buena compañía. Donde me acompañan las personas que se lo merecen. Y es que acabo de disfrutar de una agradable comida con dos chicas impresionantes. Y hace poco estuve con otra dama, para la que sencillamente no tengo palabras. El restaurante Da Nicola... está muy bien, pero si lo recuerdo es por las personas que me acompañaron, con las que he brindado por ellas, celebrando... simplememente que estaban allí conmigo.
sábado, mayo 15, 2004
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